La incógnita sobre sus paraderos, generada en 2005 por un artículo del diario estadounidense The Washington Post cuando por primera vez trató el tema de las cárceles secretas, se despeja hoy pese a los intentos por ocultarla.
Informes presentados por organizaciones europeas defensoras de los derechos humanos corroboran que aviones asociados al programa de detenciones secretas de la CIA volaron a Polonia, Rumania y Lituania con la complicidad de esos gobiernos.
La CIA es la encargada de asistir y dirigir financieramente las cárceles en estos países, donde además se practica la tortura en evidente desafío a las convenciones internacionales que la prohíben. Luego de años de silencio cómplice, la verdad salió a la luz: la CIA halló en Europa el escondite perfecto para ocultar y torturar a sus prisioneros fantasmas.
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