En el origen de la huelga, el programa de reducción de costes de Bristih Airways que pretende, entre otras medidas, eliminar 1.200 puestos de trabajo, reducir la dotación del personal de cabina en los viajes de larga distancia y congelar los sueldos de la plantilla durante un mínimo de dos años.
Tony Woodley, secretario general del sindicato Unite, que representa al personal de tripulación, declaró sentirse “decepcionado” y ha acusado a los “halcones” de British Airways de buscar la “guerra” con el sindicato tras el encuentro.
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